By | 18 de noviembre de 2020

En Buenos Aires, el primer mercado de carne, matadero mejor dicho, fue el de la Convalecencia, que en la primera mitad del siglo XIX  (alrededor de 1830, estaba ubicado en el barrio “Parque de los Patricios), donde hoy está el Parque España y que también era conocido como “los Mataderos del Sud”. A partir de 1857 se trasladó al lugar donde hoy está la Plaza Constitución  y comenzó a funcionar como Mercado del Sud del Alto, ocupando tierras que eran propiedad de Luis Dorrego (hermano del efímero gobernador Manuel Dorrego, predio en los que también se asentaron los mataderos y corrales de animales, que llegaban a la ciudad para su faena diaria, ámbito que fue el escenario elegido por Esteba Echeverría, para ubicar su obra “El matadero”, primer cuento realista argentino.

En 1860, una ordenanza ordenó el traslado de los mataderos a un lugar más alejado del centro urbano de Buenos Aires, por cuestiones de salubridad. Esto no fue cumplido, y en el mismo año, fue rechazado el reclamo de las abastecedoras de carne, que pedían quedarse allí. Ya que necesitaban que hubiese una población numerosa en sus cercanías.

Sin embargo el lugar fue desmantelado por la fuerza policial. En 1865, para reemplazarlo se construyó el matadero de Los Corrales, dónde hoy está el Parque Patricios propiamente dicho, frente a la sede de Gobierno de la Ciudad, lugar que ocupó hasta 1901, año durante el cual se mudó a su actual ubicación, pasando a llamarse “Mercado de Mataderos”, dándole así el nombre de “Mataderos” al barrio que lo albergó.

Para 1912, se repartían para satisfacer las necesidades alimentarias de los porteños, el Abasto Proveedor (Corrientes y Agüero), el Spinetto (Matheu y Alsina), el Nuevo Modelo (Montevideo y Sarmiento), el San Cristóbal (Entre Ríos e Independencia) y el Inclán (Inclán y Virrey Liniers), el Mercado de San Telmo fundado en 1897 (Defensa y Carlos Calvo) y el Del Plata (1856), ubicado en las actuales Sarmiento y Perón, presentes, todos ellos, en la huella que define costumbres urbana de la comercialización de productos alimenticios, comunes quizás, a todas las comunidades del mundo.

Y así se escribió la historia de tantos paseos y lugares públicos de Buenos Aires: cada “mercado”, fue dejando un barrio, un parque o un nombre a su paso. A medida que la ciudad iba creciendo, fueron apareciendo más mercados de abastecimiento y a finales del siglo XIX y comienzos del XX, en el Buenos Aires en formación de esa época, los mercados ya se habían consagrado como puntos de referencia de los barrios.

En algunos casos se mantienen aún en pie, como shoppings, como sucedió en Balvanera; otros dieron origen a espacios públicos como el Mercado del Pescado, que estaba instalado en el barrio de Barracas y que hoy es el Centro Metropolitano de Diseño y otros (quizás los más), fueron desapareciendo empujados por los “Supermercados”, que de la mano de grandes corporaciones internacionales, han copado el espacio que antes ocupaban ellos.

MERCADO DE SAN TELMO

El Mercado de San Telmo fue inaugurado en febrero de 1897 con el objeto de abastecer de verduras y carnes a la nueva ola de inmigrantes que llegaba a la ciudad desde Europa.

Actualmente es un lugar turístico y abundan los anticuarios (tienda de antigüedades)​

Se trata de una gran estructura con techo de vigas de hierro con planchas de chapa y piezas de vidrio. La fachada es de estilo italianizante, con arcos de medio punto y orden toscano que alojan locales con acceso particular directo desde la vereda, en su mayoría bares. ​

En su interior, los locales de venta de pescado, carne vacuna, pollo, cerdo; de verduras y frutas se concentran en el cuerpo principal de planta rectangular hacia la calle Bolívar. Los anticuarios se concentran en las dos prolongaciones en formato de pasillo que llevan a las calles Defensa y Estados Unidos.

De esta manera, los antiguos puestos «del barrio» que se conservan de varias décadas conviven con los anticuarios, más recientes y relacionados como el boom turístico de San Telmo. También el edificio incluye algunos locales que tienen entrada propia desde la calle, entre ellos verdulerías, licorerías, un restaurante y dos bares notables: “San Pedro Telmo”, y “La Coruña”.

En el año 2000, el Mercado fue declarado Monumento Histórico Nacional por la Secretaría de Cultura del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

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